El valor del trabajo interdisciplinario: cuando las disciplinas se cruzan para mirar a la persona entera
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A la hora de pensar el desarrollo, el aprendizaje y la inclusión de un niño, niña, adolescente o joven con discapacidad, es muy común que las familias transiten por múltiples consultorios y profesionales. Psicopedagogos, psicólogos, fonoaudiólogos, terapistas ocupacionales y médicos desfilan en agendas complejas. Sin embargo, la acumulación de terapias no garantiza por sí sola un buen proceso si cada disciplina trabaja de manera aislada, mirando solo una parcela de esa persona.
Salir de la fragmentación
Históricamente, el modelo médico hegemónico tendía a fragmentar al sujeto: el especialista en lenguaje se ocupaba exclusivamente de las palabras, el kinesiólogo de la postura y el docente de los contenidos académicos. Lo que le ocurre a un niño, niña, adolescente o joven en su vínculo con el aprendizaje afecta su emocionalidad; las dificultades en la comunicación impactan directo en su socialización; y el contexto familiar atraviesa y modifica cada avance terapéutico.
Por esta razón, el trabajo interdisciplinario es una necesidad metodológica insustituible.
Qué significa trabajar en red, en la práctica
Trabajar de manera interdisciplinaria implica sentarse a conversar entre profesionales con miradas diversas para construir una lectura común. Cuando una psicopedagoga, una psicóloga y una acompañante externa se comunican de forma constante con la escuela y con la familia, el panorama cambia por completo, da a entender el sentido profundo de lo que le pasa al estudiante.
Si un estudiante se desregula sistemáticamente durante la clase de matemáticas, un abordaje fragmentado podría buscar una sanción aislada. Un equipo interdisciplinario, en cambio, se preguntará qué variables sensoriales, cognitivas o emocionales están colapsando en ese momento preciso: ¿la consigna es demasiado abstracta?, ¿el ruido ambiente superó su umbral de tolerancia?, ¿necesita un espacio o una estrategia diferente para expresar lo que está sintiendo?
El diálogo con la escuela y la familia
El verdadero valor de este engranaje profesional se completa cuando se abre el diálogo hacia afuera de los consultorios. La escuela funciona como un socio estratégico con el que se acuerdan intervenciones posibles dentro de la realidad de un aula con veinticinco o treinta alumnos más. Y la familia es la fuente insustituible de conocimiento sobre la historia, los gustos y los deseos de ese hijo o hija.
Articular estas voces requiere humildad profesional, escucha atenta y la convicción compartida de que ningún saber individual es dueño de la verdad absoluta sobre una trayectoria.
En Ni Uno Menos entendemos que cada paso adelante se apoya en esta trama de redes. Cuando las disciplinas se cruzan con respeto y profesionalismo, la discapacidad deja de ser algo que se intenta "corregir" para convertirse en una condición humana que merece ser alojada, comprendida y potenciada.
Contanos cómo experimentás la relación entre los distintos profesionales que acompañan a tus hijos o alumnos: nos interesa conocer tu experiencia.
